Háblame. No dejes de hacerlo. Aunque me calle. Respeta mis silencios. No utilices diminutivos. No me mires mucho rato. No me digas cumplidos. No te vayas. No me ilusiones. No te enamores. No me cambies. Sólo acariciame, hasta que pueda soltarme. Hasta que pueda dar rienda. No me ates. No quiero atarte. No quiero ahogarte. Me gustas tan vivo y latiente...Bésame. Pero deja que me evada un rato después. Deja que te sienta. Que te eche de menos. Verte imperfecto. Verte en la duda. Susúrrame algún día aquello del poema "mi estrategia es que un día, sin saber cómo ni cuándo, por fin, me necesites" No me invadas. Quédate. En tu espacio, el tiempo justo. Quiéreme. No dejes de hacerlo. No permitas que no pueda hacerlo. Túmbame a tu lado y abrázame el tiempo que me haga falta. Hasta que pueda dormir pensando que yo, que tú, que el que tú estés, que todo está bien. Que ya nada importa. Que no perderé. Que debo vivir. Que quiero seguir. Déjame a solas con mi maraña negra.
Ángulos
Cuando te miro me siento una farsante. Siento que finjo desde hace años un papel que no me corresponde: el de sonreír alrededor, beber cervezas e intentar escucharte a ti a través de tus acordes. Nunca he sabido...ni lo sabré. No sé cómo acercarme, ni qué decirte, ni si debería decirte o callar como hasta ahora. Lo único que sé es que llego a casa cansada, pensando en ti. Y que desde entonces no ha habido un solo día que no te haya echado de menos hasta doler muy dentro. Siento que si vas quitando capas (capas que sólo tú podrías quitar) me verás queriéndote aún como el primer día. Y que llevo mi carga en silencio, mostrándome aquí y allá como si no hubieras existido, guardando celosa quizá los recuerdos de ti. Tu sonrisa aún es la mía, y mi felicidad estará donde tú estés. Podré conformarme y seguir si te veo alguna que otra vez, si me encuentro contigo en un gesto. Pero en realidad no hay más que hacer que intentar sobrevivir un día más, adaptarme a tu ausencia otra vez, como si estu...
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