Háblame. No dejes de hacerlo. Aunque me calle. Respeta mis silencios. No utilices diminutivos. No me mires mucho rato. No me digas cumplidos. No te vayas. No me ilusiones. No te enamores. No me cambies. Sólo acariciame, hasta que pueda soltarme. Hasta que pueda dar rienda. No me ates. No quiero atarte. No quiero ahogarte. Me gustas tan vivo y latiente...Bésame. Pero deja que me evada un rato después. Deja que te sienta. Que te eche de menos. Verte imperfecto. Verte en la duda. Susúrrame algún día aquello del poema "mi estrategia es que un día, sin saber cómo ni cuándo, por fin, me necesites" No me invadas. Quédate. En tu espacio, el tiempo justo. Quiéreme. No dejes de hacerlo. No permitas que no pueda hacerlo. Túmbame a tu lado y abrázame el tiempo que me haga falta. Hasta que pueda dormir pensando que yo, que tú, que el que tú estés, que todo está bien. Que ya nada importa. Que no perderé. Que debo vivir. Que quiero seguir. Déjame a solas con mi maraña negra.

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