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Dejar de ser

Te llamaba. Pero no había respuesta. A voz en grito, mi llamada y tu silencio. Cuántos pasos recorridos hasta aquí. Y ahora yo sola, en mitad de la nada, analizando el vacío inquietante que me está rodeando. Cómo decirte, cómo explicarte. Hay cosas que se captan, otras no tanto. Tu silencio era de esos que van creando huellas de barro. Pongo una canción de fondo que me hable y no la escucho. Como si todo hubiera perdido la voz y el sentimiento. Me gustaría latir contigo, vibrar por dentro, pero estoy llena de la nada y nada puedo ofrecerte más allá de unas palabras. Me duele por dentro, sí, me quema. Que la nada tenga tan poco que decir. Que el mundo alrededor sea tan poca cosa. Que no haya más que nada. Soy hija de la ilusión de crear, pero me abandonaron las ideas y las vueltas acabaron por marearme. Por eso me tumbo en este sofá a dejarme llevar por la oleada social de lo desolador. No sale el sol hoy. No sale el sol. No sale. Puedo intentarlo. Puedo ponerlo ahí si cierro los ojos. ...

Lugares

Abro la puerta de madera pesada y estás allí, en el pasillo. Me sonríes como si me hubieras estado esperando toda una vida en aquel espacio sin muebles, y me acerco lentamente al reencuentro de los cuerpos. Pero no es tu cuerpo lo que abrazo, sino algo mucho más profundo y redondo. Una esfera que dentro de ti brilla con la luz del atardecer. Me hablas con tus ojos y tus labios, y me das la bienvenida. Ahora este espacio es nuestro. Parados, en mitad de la nada, sin una orientación concreta. Me sujetas con tus brazos y yo puedo apoyar la cabeza en tu constelación para dormir un rato. Sé que cuando despierte seguirás ahí. Sé que me querrás atravesando paredes y piel. Que no tendré que recurrir a la memoria para traerte de nuevo, porque esta casa está ya envuelta de un olor a ti que calma mis desafíos. Sé que habrá muchos más escenarios. Pero este quiero que sea, ahora, para siempre, nuestro sitio.

Despedidas

Yo hubiera querido que te quedaras un segundo más. Poder dedicarte en algún momento una canción. Acunarte, susurrarte, despeinarte. Hubiera querido que nuestro adiós no se hubiera hecho nunca realidad, no haberme separado. Yo hubiera querido crecer junto a ti eternamente, quererte hasta los límites a los que pudiera llegar. Hubiera querido quererte por un instante, para irme después con mis conflictos a otra parte. Hubiera paralizado el tiempo sólo para ti, haciendo que los relojes no existieran. Contemplar un atardecer sin más palabras. Hubiera querido recordarte, y que me recordaras. Y en el mundo en que mi mente logra tener sentido, hacerte un hueco. Que volvieras una y otra vez a decir mi nombre. Que la vida no fuera como es. Hubiera querido hacerte un altar del que no cayeras nunca. Hubiera querido no tener que escribir esto. Pero te perdí. Y la pérdida me llega a calar hasta los huesos. Y tu ausencia se repite dentro de mi cuerpo vacío como un eco. Sigues siendo un nombre y una i...

Camisa roja

Ya dejé la nostalgia. No se vivía muy bien en ella. Pero me ha venido tu nombre por un tercero, y tu mirada por un cuarto. Me pregunto en cuántos hoteles, con cuántas mujeres. Me pregunto por qué y cómo hubiera podido girar todo. Qué bonito, por un momento, volver a tus ojos y a tus sueños. Dejarlo en ayer. Comenzar imágenes contigo. Unas sábanas vacías que llenan una mañana, arrugadas. La imagen de ti y de mí en una habitación de hotel. Fantasmas. Una copa se resbala entre las manos y quiero desnudarme para no sentirme ahogada en el alcohol. No pudiste ser más tú ni más incógnita. No pudiste marchar sin dejar huella. Es confuso todo ahora. Quisiera y no quisiera volver a aquel cuarto de baño con tus piernas en el agua. Quisiera engañarme y hacer que después no pasó nada. Bucear en el mar y en la miel. Subirme a unos tacones negros. Esperarte sobre el colchón del suelo. Quisiera recordarte más de lo que puedo hacerlo. Pero te me vienes cuando mi boca se abre contra una pared y mi cuerp...

Sueños rotos

Era la época en que escuchábamos Al Green cada tarde de domingo, en que descubrí a los Beatles y me regalaste por mi cumpleaños aquel cd de Aretha Franklin. Cuando mi voz sonaba al ritmo de los acordes de tu guitarra. Era la época de las tormentas y del sol que siempre salía. La época en que los dos deseábamos aún haber nacido en los 70, en que la conexión era nuestra filosofía y pasábamos las tardes escuchando a los Fleet Foxes mientras bebíamos té verde o una copa de vino tinto si había anochecido. Era la ropa volando por los aires y las risas. Las duchas de agua nunca demasiado fría ni demasiado caliente. Era cuando volaban ceniceros en mi imaginación a cada desvarío lingüístico. Cuando esperábamos ansiosos el fin de semana para pasarlo entre amplificadores, guitarras que cantaban a Jimmy Hendrix y reuniones donde todos sabíamos tocar algo sentados en el suelo. Era la etapa en la que yo aún tenía los sueños intactos y volábamos muy altos los globos cargados de pasado. Era cuando aún...

Sensación 2

Voy a tu encuentro. Y todo se siente por dentro como un nuevo amanecer.

Sensación

Era simplemente extraño. Cómo se acercaba y se alejaba y siempre ahí: omnipresente. Era un misterio encriptado, de difícil lectura, demasiado cifrado como para echarle cuentas a esas horas. Era confuso y no pude recordarlo más allá de lo que quedó en el fondo. En esas horas oscuras en las que todo se esconde. En esas horas en las que nada existe, en las que despertarse es contemplar las rayas de una colcha de algodón tan cerca de la pupila...cómo caen las luces en la habitación vacía, cómo te ha podido el despertar inoportuno de una turbulencia enmarañada. Puedo quedarme aquí horas, o días, o una eternidad si ésta existiera. Puedo estar tan queda. Tumbarme sobre el suelo de tarima claro y frío a verse proyectar la luz. Puedo estar en la penumbra por haber pasado el día. Era confuso, raro. Un idioma que no hablo y que entonces se aparecía ante mí como tan fácil de pronunciar, de cantar. Un lenguaje distinto y cercano. Unos ojos dilatados por la falta y la sorpresa.