Lugares

Abro la puerta de madera pesada y estás allí, en el pasillo. Me sonríes como si me hubieras estado esperando toda una vida en aquel espacio sin muebles, y me acerco lentamente al reencuentro de los cuerpos. Pero no es tu cuerpo lo que abrazo, sino algo mucho más profundo y redondo. Una esfera que dentro de ti brilla con la luz del atardecer. Me hablas con tus ojos y tus labios, y me das la bienvenida. Ahora este espacio es nuestro. Parados, en mitad de la nada, sin una orientación concreta. Me sujetas con tus brazos y yo puedo apoyar la cabeza en tu constelación para dormir un rato. Sé que cuando despierte seguirás ahí. Sé que me querrás atravesando paredes y piel. Que no tendré que recurrir a la memoria para traerte de nuevo, porque esta casa está ya envuelta de un olor a ti que calma mis desafíos. Sé que habrá muchos más escenarios. Pero este quiero que sea, ahora, para siempre, nuestro sitio.

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