Dejar de ser
Te llamaba. Pero no había respuesta. A voz en grito, mi llamada y tu silencio. Cuántos pasos recorridos hasta aquí. Y ahora yo sola, en mitad de la nada, analizando el vacío inquietante que me está rodeando. Cómo decirte, cómo explicarte. Hay cosas que se captan, otras no tanto. Tu silencio era de esos que van creando huellas de barro. Pongo una canción de fondo que me hable y no la escucho. Como si todo hubiera perdido la voz y el sentimiento. Me gustaría latir contigo, vibrar por dentro, pero estoy llena de la nada y nada puedo ofrecerte más allá de unas palabras. Me duele por dentro, sí, me quema. Que la nada tenga tan poco que decir. Que el mundo alrededor sea tan poca cosa. Que no haya más que nada. Soy hija de la ilusión de crear, pero me abandonaron las ideas y las vueltas acabaron por marearme. Por eso me tumbo en este sofá a dejarme llevar por la oleada social de lo desolador. No sale el sol hoy. No sale el sol. No sale. Puedo intentarlo. Puedo ponerlo ahí si cierro los ojos. Notar una luz por dentro que está apagándose del esfuerzo. Aún me emociona escuchar aquello de "me duelen tanto las manos de apretar que no puedo sujetarte" Lo hice todo. Lo intenté todo. Y encontré que el final del camino no es más que esto: una ausencia de respuesta y mil preguntas todavía que no llegarán a aclararse. Madurar. Sin ti, sin el otro, sin el de más allá, sin el que está al lado. Sin más posibilidad. Por eso quiero apagar la luz. Dejarlo estar. Estar sin ser. Dejar de ser.
Comentarios
Publicar un comentario