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Di dac

Menos mal que siempre estás, de alguna manera, a mi vera. Desde mi luto te observaba entonces con los ojos de quien quiere ver el verde y el azul. Y me ponías a Woody, y el mundo podía ser de risa o una tragedia. Pero había palomitas y estabas tú con tu acertado mutismo ante la inminente caída. Desde que recuerdo mi vida (la de ahora, que es la que merece más) estabas incansable en cada día. Ahora te imagino emborrachándote en vete tú a saber la boda de quién y pienso que a veces estás demasiado lejos, y que para esto hemos quedado: para tomarlo a broma, querido, aderezado con un poco de alcohol que las penas son menos. Pienso que me hubiera gustado tomar un café, unas pastas, una charla y un abrazo hoy. Y que si algún día se nos retuerce todo tú y yo nos casaremos, sólo por brindar con champán por lo que fue quedando atrás. Que es reconfortante escuchar tu voz de vez en cuando, y que sepas que me apetece Heineken o Coronita, que me gustan los Beatles y algo de Dylan y Lenon. Se me vie...

Sin más

"No sé si ya lo sabrás. Mi vida se fue contigo. Contigo, mi amor, contigo. Qué mal me hace recordar. Mis manos ya son de barro de tanto apretar al dolor. Y ahora que me falta el sol, no sé qué venís buscando. Llorando, mi amor, llorando. También olvídame vos. Qué pena me da saber que al final de este amor ya no queda nada. Sólo una pobre canción" Nada mejor para recordar que intentar olvidar. Así de fácil. Una ecuación muy simple en la que tú aún existes. Y todos ellos con sus rostros. Sus tonos de voz cantando notas imposibles. Sus ojos mirando las raíces de lo que ayer fui. Regando el tiempo con ellos va creciéndome un jardín lleno de enredaderas que trepan a mi recuerdo y atan las ideas fuertemente a un momento: lo que fue mi vida. Lo que fui yo al despertar en esas camas, en esas canas. Una juventud empañada por el vaho de un cristal transparente separándonos a ambos las manos. Y las ganas, empeñadas en seguir trepando por piernas enclavadas en arenas mojadas. Dónde est...

la varita

En ocasiones se te ata a la garganta. Eso de pensar que quizá, lo que tú eres (y que no acaba de estar del todo claro)puede actuar como varita mágica que genere un cambio en otro. Y te preguntas: pero, ¿cómo hago eso? Y te respondes: hay algo en ti que desconoces y que, sin embargo, es lo más esencial e importante de lo que eres. Y esta ecuación sin solucionar crea dentro mucha confusión.

Me dolió

Me dolió que lo dijeras. Aquello, lo nunca dicho. Que pusiéramos palabras al silencio que a veces nos habita a ambos. Que no fuera perfecta, que no fuera ideal. Me dolió que pudiéramos ver la realidad. Sentirme como una extraña a tu lado, y de fondo esa canción que me recordaba tanto a ti, como por casualidad. En el momento adecuado, la paradoja riéndose a carcajadas de la situación penosa. Me duele pensar que piensas eso. Saber que entre nosotros se ha instalado un manto de dudas y preguntas, de respuestas imposibles de escuchar. Me duele cuestionarme nuestra estabilidad. Preguntarme una vez más qué es lo que falla, qué es lo que falta. Todo remite a la falta. Y yo...yo no sé cómo llenarla. Al menos no cómo llenar la tuya, y menos la mía. Pero sé que por primera vez no eres tú quien habita en ella, taponándola. Lo siento. Mi vida no es demasiado interesante, pero me gusta lo que hago. Soy feliz con los no-cambios, o eso creía hasta ayer. Soy feliz cuando no hay discusiones. Soy feliz ...

Gilipollas

Hay gente gilipollas. Y lo digo abiertamente y porque quiero. Es esa gente que un día te la da de buena persona y al siguiente de hija de puta. Gente que se mete en la vida de los demás porque no son capaces de conseguir un buen polvo por su manera arrogante, altiva y prepotente de ser. Gente que cree que cambiando la firma de forma consciente el resto de cambios vendrán de seguido. Gente que no sabe escuchar lo que se está diciendo a sí mismo, ni tampoco saben calcular bien sus jugadas porque la inteligencia no les llega para tanto. Gente que se piensa que ser mejor que otros implica tener el pelo mejor cortado o las tetas mejor puestas. Gente que está acostumbrada a ganar siempre, hasta a las chapas, y que no acepta la derrota o los límites de fuera. Gente que se empeña en vivir eternamente en el pasado, en pisar lo que no conoce, en morder la mano que puede darle de comer. Gente que simplemente no deberia existir, porque así se haría un favor al resto de los mortales (sí, los mortal...

Nada (de) menos

No hace falta que te diga. Ya sabes leerme en la cara, sentirme en las manos, mirarme en los ojos. Ya sabes quererme. Ya sabes hablarme, escucharme decir, hacerme reír. Ya sabes dejarme ser. Ya sabes quién soy, y quién eres, y lo que somos juntos. Sabes seguir y superar. Sabes besar y ser besado. Sabes conjugar los verbos en pasado, en presente, en futuro y en condicional. Sabes a algo permanente. Sabes a dulzura. Sabes lo que quiero que sepas: que te quiero. Y tú sabes que sé que lo haces también. Sabes que me quedaré a tu lado, y que no hace falta que te diga...nada más.

Giro

Una frase puede cambiarlo todo. El giro de gracia cuando uno pensaba que estaba ya suficientemente mareado. Te veo apoyado en la barandilla de la terraza, de noche, mientras te confieso lo inconfesable todavía y tú...tú dijiste aquellas palabras que fueron un aliento en el caos. Te veo a punto de darme con una almohada y yo no sé si reír o seguir llorando o hartarme a darte cojinazos fuertes para ver qué pasa. Y al final, simplemente, estoy sentada encima de ti y tú me abrazas y me miras a los ojos, pronunciando las frases que nunca llegaron y ahora son. Ahora son, como nosotros, una historia, una realidad, una promesa en el aire. Son, como nosotros, una encadenación de circunstancias, vivencias, recuerdos, amores. Son lo aprendido, lo inesperado, lo anhelado. Son lo que somos. Y todo, desde esas palabras, ha dado un giro...hasta que nos hemos mirado de frente y sonreído.