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Gilipollas

Hay gente gilipollas. Y lo digo abiertamente y porque quiero. Es esa gente que un día te la da de buena persona y al siguiente de hija de puta. Gente que se mete en la vida de los demás porque no son capaces de conseguir un buen polvo por su manera arrogante, altiva y prepotente de ser. Gente que cree que cambiando la firma de forma consciente el resto de cambios vendrán de seguido. Gente que no sabe escuchar lo que se está diciendo a sí mismo, ni tampoco saben calcular bien sus jugadas porque la inteligencia no les llega para tanto. Gente que se piensa que ser mejor que otros implica tener el pelo mejor cortado o las tetas mejor puestas. Gente que está acostumbrada a ganar siempre, hasta a las chapas, y que no acepta la derrota o los límites de fuera. Gente que se empeña en vivir eternamente en el pasado, en pisar lo que no conoce, en morder la mano que puede darle de comer. Gente que simplemente no deberia existir, porque así se haría un favor al resto de los mortales (sí, los mortal...

Nada (de) menos

No hace falta que te diga. Ya sabes leerme en la cara, sentirme en las manos, mirarme en los ojos. Ya sabes quererme. Ya sabes hablarme, escucharme decir, hacerme reír. Ya sabes dejarme ser. Ya sabes quién soy, y quién eres, y lo que somos juntos. Sabes seguir y superar. Sabes besar y ser besado. Sabes conjugar los verbos en pasado, en presente, en futuro y en condicional. Sabes a algo permanente. Sabes a dulzura. Sabes lo que quiero que sepas: que te quiero. Y tú sabes que sé que lo haces también. Sabes que me quedaré a tu lado, y que no hace falta que te diga...nada más.

Giro

Una frase puede cambiarlo todo. El giro de gracia cuando uno pensaba que estaba ya suficientemente mareado. Te veo apoyado en la barandilla de la terraza, de noche, mientras te confieso lo inconfesable todavía y tú...tú dijiste aquellas palabras que fueron un aliento en el caos. Te veo a punto de darme con una almohada y yo no sé si reír o seguir llorando o hartarme a darte cojinazos fuertes para ver qué pasa. Y al final, simplemente, estoy sentada encima de ti y tú me abrazas y me miras a los ojos, pronunciando las frases que nunca llegaron y ahora son. Ahora son, como nosotros, una historia, una realidad, una promesa en el aire. Son, como nosotros, una encadenación de circunstancias, vivencias, recuerdos, amores. Son lo aprendido, lo inesperado, lo anhelado. Son lo que somos. Y todo, desde esas palabras, ha dado un giro...hasta que nos hemos mirado de frente y sonreído.

¿Quién eres?

Siento que no te conozco, y que no merece tanto esfuerzo el intentarlo. Me sorprenderás siempre con palabras que nunca hubiera querido escuchar, con sinceridades hirientes, con gestos distintos cuando yo no te miro. Sólo puedo entender quién eres para mí, una duda constante quizá, un no saber, un delirio a ciegas. Pura imaginación, irrealidad, inabarcable e innombrable. Una llama que consume todo mi combustible, mi oxígeno, que recorre mis venas hasta acelerarme el pulso y caer rendida a esta locura. Aún no sé cuándo podré mirarte realmente a los ojos, ver algo en ti que sea más que un espejismo efímero. Cuándo veré el mar en tu mirada, y la libertad en que estés y no estés. Aún no sé cuándo dejaré de sentir esa presión en la garganta cuando estás demasiado cerca. No tengo fuerza para adivinarte...una vez más.

Señal de peligro

Y si me tiembla el pulso al mirarte es sólo porque no quiero vestirme con tus vestidos, ni caminar con los zapatos que tú me elijas, ni que me marques la dirección más adecuada. Es porque quiero saberme sin ti, tomar cierta distancia. Es porque no quiero más cuerdas flojas, ni demasiado tensas. Si me tiembla el habla al escucharte es porque no encuentro las palabras, porque mi pecho es un gran contenedor de silencio a gritos, porque no quiero definirte. Y si las piernas me fallan cuando debo dar un paso es porque sólo están listas para salir corriendo a veces, porque no quiero malgastar energía en caminar detrás de ti. Quiero hacerme con una de esas enormes señales de prohibido el paso, y levantar muros que acoten el terreno donde sólo soy yo y no debo preocuparme por nada más. Quiero pensar que no sucederá todo lo anterior, y pensarme desde ese espacio íntimo. Y dejar así de pensar tanto en ti.

Vacío lleno de cosas

Ridícula, absurda, vulnerable. soy tan idiota que he vuelto a subirme a la palestra con todos los focos alumbrándome, a mí, protagonista de esta obra en cierta medida. El amor nos vuelve tan idiotas...Y me siento tonta por saber que esta noche me iré a la cama pensando en ti, y que mañana amanecerá y yo estaré pensando en ti al abrir los ojos, y que el jueves me pasaré esperándote el tiempo que haga falta hasta que salgas con tu maleta por aquella puerta. ¿Cuánto has pensado en mí? ¿Cuánto me has echado de menos realmente? Esto que parece ser amor, ¿lo es? ¿Por qué resulta tan fácil llorar y reír en un solo momento? ¿Por qué he callado ante esta circunstancia? ¿Para qué ser flexible por el otro? Luego todo son reproches, malas caras, palabras que duelen. Y en eso terminaremos también tú y yo. Demasiado pesimista, no? Bueno, si quieres puedo camuflarlo. Empezar de nuevo a escribir esto con frases llenas de tules blancos, de palabras redondas, de esperanzas. Pero ya no puedo. Sí, fui un ...

De ti

Te echo de menos. Me siento frustrada. Tenía tantas cosas que decirte...he pensado en llamarte pero no es posible. Así que me conformo con escribirte un largo mail en el que incluyo la noticia del día, pero no es igual que decírtelo en persona con toda la emoción. Eso es lo que siento. Estoy emocionada. Por todo. Deben haber sido esas imágenes de la gente colapsando los andenes en Madrid, de la gente que se queja porque este país se cae a pedazos. Hoy era un día de retomar muchos proyectos, y parece que saldrán. Hubiera deseado terminarlo durmiendo en un abrazo, como dices. Olerte. No me gusta que estés ausente porque te haces tan presente así que no es real. Estoy confiando en ti y tengo miedo. Porque no puedo preguntarte más. Porque leo una línea que me hace pensar para el resto de la noche y parte del día de mañana. Porque sigo sin entender por qué ella puede compartir todo eso contigo y yo no. Me siento como la amante que sabe que siempre habrá una mujer, lo quiera o no. Tú di...