De ti
Te echo de menos. Me siento frustrada. Tenía tantas cosas que decirte...he pensado en llamarte pero no es posible. Así que me conformo con escribirte un largo mail en el que incluyo la noticia del día, pero no es igual que decírtelo en persona con toda la emoción. Eso es lo que siento. Estoy emocionada. Por todo. Deben haber sido esas imágenes de la gente colapsando los andenes en Madrid, de la gente que se queja porque este país se cae a pedazos.
Hoy era un día de retomar muchos proyectos, y parece que saldrán. Hubiera deseado terminarlo durmiendo en un abrazo, como dices. Olerte. No me gusta que estés ausente porque te haces tan presente así que no es real.
Estoy confiando en ti y tengo miedo. Porque no puedo preguntarte más. Porque leo una línea que me hace pensar para el resto de la noche y parte del día de mañana. Porque sigo sin entender por qué ella puede compartir todo eso contigo y yo no. Me siento como la amante que sabe que siempre habrá una mujer, lo quiera o no. Tú dirías que no es así, lo sé. Pero yo no puedo calcular su táctica desde la distancia, aunque sí puedo averiguar su estrategia, siguiendo a Benedetti, que tan sabiamente escribió todo aquel juego de hombres y mujeres. Me pregunto qué hiciste ante sus lágrimas y la noche me cae encima cuando hace un momento no me había dado cuenta de que ya es oscuro ahí fuera.
No me quema que estés lejos. No me quema eso. Tu partida me ha hecho volver a preguntarme por mí con fuerza. Me quema lo que pueda estar teniendo ella de ti, mientras yo te echo de menos.
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