Vacío lleno de cosas
Ridícula, absurda, vulnerable. soy tan idiota que he vuelto a subirme a la palestra con todos los focos alumbrándome, a mí, protagonista de esta obra en cierta medida. El amor nos vuelve tan idiotas...Y me siento tonta por saber que esta noche me iré a la cama pensando en ti, y que mañana amanecerá y yo estaré pensando en ti al abrir los ojos, y que el jueves me pasaré esperándote el tiempo que haga falta hasta que salgas con tu maleta por aquella puerta. ¿Cuánto has pensado en mí? ¿Cuánto me has echado de menos realmente? Esto que parece ser amor, ¿lo es? ¿Por qué resulta tan fácil llorar y reír en un solo momento? ¿Por qué he callado ante esta circunstancia? ¿Para qué ser flexible por el otro? Luego todo son reproches, malas caras, palabras que duelen. Y en eso terminaremos también tú y yo. Demasiado pesimista, no? Bueno, si quieres puedo camuflarlo. Empezar de nuevo a escribir esto con frases llenas de tules blancos, de palabras redondas, de esperanzas. Pero ya no puedo. Sí, fui un local de traspaso, una muñeca de trapo, un manto negro cubriendo el suelo de mi habitación, una princesa encerrada en su torre. Lo fui todo por ellos. Y ahora me vuelvo loca frente a un mapa de cómo quiero que sea mi vida, recolocando los edificios, las luces de neón, poniendo nombres a las calles en silencio. Me vuelvo loca eligiendo emociones, estaciones en las que quiero vivir, casas colgadas. Todo esto, como ya supones, va mucho más allá de ti, y de él, y a veces siento que incluso de mí. Me supera, me traspasa. Y entonces pienso en ella. ¿Qué diría? Me dejaría simplemente llorar como una niña asustada, desconsolada ante el miedo de su propia ausencia. No eres tú quien viaja lejos, sino yo. No eres tú a quien echo de menos, sino a mí cuando tú no estabas aún. La vida es más fácil sin amor, en contra de lo que digan todas las canciones. Dicen que es el motor, pero uno está constantemente preguntándose si no estará averiado...otra vez. Y no soy mecánica de profesión, sino psicóloga. Y quizá tampoco. Porque no puedo entender mi propio comportamiento ante el amor, ni que esa emoción pueda inundarlo todo para bien o para mal. Esto es simple: si no estás no tengo relación, no existe nada, no hay nada que echar de menos. Los filósofos lo definirían bien como el "no-ser" y el no ser creo recordar que finalmente no era más que el vacío. O quizá vacío lleno de cosas. Así que mientras no estás yo solo puedo imaginar, vivir del aire, de lo no real. Sólo puedo llenarme del vacío absurdo de la ausencia. De lo idílico, lo imaginario...Y hace tiempo que no quería ya más ídolos ni imágenes, más palabras en el aire. Sólo quería ver gestos: tus ojos al mirarme, tus manos anchas, tu forma de caminar, tu risa ante una ocurrencia mía. Y ahora no te veo, y lloro lo que no eres.
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