Nos encontramos en aquel lugar. Los dos, de pie, cerca y lejos. En el lugar del abrazo se callaba el amor y el cariño, se buscaba el reencuentro. Me mirabas con tu azul infinito. Eran gélidos tus ojos, como un iceberg que no asoma. No llegaba el deshielo para ti. Al contrario, te empeñabas en acercarte a aquella ventana que dejaba ver el gris y el bajo cero. Yo miraba tu espalda tensarse bajo el jersey. Quería acercarme lentamente, darte un beso en el cuello, como antes, pero ya no era el tiempo. No hacía calor, no brillaba el sol, no era la edad. Todo quedó petrificado entre los dos entonces, como el silencio que expresa, las palabras que se ahogan al hablar, las ausencias a destiempo. Me dejaste allí en pleno abril, y yo solo quería sonreírte, coger tu mano entre las mías, besarte más a fondo, abrazar lo interno. Eras el inalcanzable, el incomprensible. Te dije: "acércate,no me des la espalda" mientras pensaba en el poema de Salinas que tan bien nos explicaba. Callabas, y s...