Vacío fértil

 Dura con mi persona más cercana. En ese doble vínculo de querer y criticar. Es un peso que sé de dónde viene. Pero nada fácil de dejar. 

Me avergüenzo cuando entro en este juez externo. Quién me he creído, quién soy. Me enfado duramente si lo veo en otros. Me siento injustamente tratada si lo recibo yo. 

Qué es esto del juicio? Por qué se me viene que al final no existe en realidad ese juicio final? Moral cristiana de la que reniego y que aborrezco. Contrario a mí valor sobre el respeto, la libertad y la responsabilidad. Decir que no a esto es renunciar. A unas raíces que me sostuvieron mucho tiempo, que creía verdad. 

El primer juicio es para ellos,y a veces me siento muy mal si le permito entrar. No creo que todo lo hicieran mal, pero a mí me cuesta lo que no les costó a ellos esto de revisarme y cambiar. 

Siento el peso de la revolución como si fuera el precio a pagar por vivir en la oscuridad cómodamente. Por ser de otra generación, más consciente. Por no poder dejar de mirar precisamente hacia ese lugar que ellos me enseñaron a cuestionar. 

Todo es una duda inmensa. Quién soy, hacia dónde voy, de qué estoy construida, cuáles son mis auténticos cimientos. 

Siento el vacío fértil en mí y aún no me creo lo que se puede crear desde aquí. Tan solo puedo escuchar el ruido de las columnas al caer, ver las ruinas de una Roma que no fue el mejor posible. El otro día leía algo así como que todos en algún momento tenemos que acabar yendo a terapia a cuestionar aquello que creímos. 

Yo puedo cuestionarme, puedo vivir así, pero la cuestión del otro me duele. Porque me quedo sin mirada. Porque me arriesgo a perderle para siempre. 

Pero, ¿No te perdí ya muchas veces? ¿No morí yo otras tantas? 

Miro el ave Fénix, por cuyo significado me preguntó hoy mi hija. Y sí, parte de mi filosofía es que en esta vida hay muchas muertes. Y también que hay fuego después de las cenizas. 


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