Cuando estás el mundo es más fácil. La vida se vuelve liviana. Una risa a destiempo vuelve para unirnos. Y sólo puedo disfrutar y olvidar. Disfrutar y olvidar. A veces estás, y están. En alguna parte todos ellos escondidos, al acecho para dar el golpe bajo. Ese que te pega en los riñones y te dobla por un tiempo. Pero tú lo consigues. Que todo parezca otra cosa. Que confíe todavía en las personas. Lo consigues y es por ti. Desde aquel día en que me diste la mano y decidiste caminar a mi lado. No puedo más que salir en tu defensa si los vientos soplan al contrario de lo esperado. Y querer lo mejor para ti. Y querer que te quieran. Que alguien quiera decirte lo mucho que vales.
Ángulos
Cuando te miro me siento una farsante. Siento que finjo desde hace años un papel que no me corresponde: el de sonreír alrededor, beber cervezas e intentar escucharte a ti a través de tus acordes. Nunca he sabido...ni lo sabré. No sé cómo acercarme, ni qué decirte, ni si debería decirte o callar como hasta ahora. Lo único que sé es que llego a casa cansada, pensando en ti. Y que desde entonces no ha habido un solo día que no te haya echado de menos hasta doler muy dentro. Siento que si vas quitando capas (capas que sólo tú podrías quitar) me verás queriéndote aún como el primer día. Y que llevo mi carga en silencio, mostrándome aquí y allá como si no hubieras existido, guardando celosa quizá los recuerdos de ti. Tu sonrisa aún es la mía, y mi felicidad estará donde tú estés. Podré conformarme y seguir si te veo alguna que otra vez, si me encuentro contigo en un gesto. Pero en realidad no hay más que hacer que intentar sobrevivir un día más, adaptarme a tu ausencia otra vez, como si estu...
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