Nada

Siempre se me dio bien eso de "ahora debería pararme a pensar" y paraba. Pero estoy cansada, y ni siquiera esta palabra proviene de mí, sino que es robada de otros que me observan desde fuera porque ahora no puedo mirarme más por dentro. No me vale el suelo del baño de esta casa, ni el sofá regalado en el que estoy tumbada ahora. No me vale escribir. Así que hoy no sé cómo empezar con esto que me está tirando la cabeza hacia abajo con cada tic tac del reloj. A veces pienso "esto es la vida, ese tic tac y lo que tú sientes con él" pero todo ha cambiado tanto que en ocasiones me cuesta ubicarme a mí, que siempre fui del negro al blanco y todo se quedó ahí. No obstante me valen mis emociones contradictorias y esta extraña mezcla de cambios de humor. Me vale saber que algo no funciona dentro en este día. Me valen tus palabras, y tus miradas, y tus besos. Me vale tu compañía, y sobre todo la mía propia. La felicidad nunca fue para mí algo que llegaba para quedarse mucho tiempo. Más bien flotaba en el aire mientras no me daba cuenta, o no quería darme cuenta. Más bien todo fue tan etéreo que no supe llevarme lo que me correspondía para recurrir a ello en estos momentos vacíos de nada. Si me preguntaran qué me pasa, supongo que contestaría eso: nada. Y ya diría bastante, o lo diría todo. Hablo de mariposas y me imagino una blanca. Es entonces cuando deseo con todas mis ganas saber cómo se vuela, cómo se siente ese batir de alas. Pero la libertad tampoco estuvo al alcance mucho tiempo. Por eso quisiera irme hoy muy lejos. Llegar volando a la ventana abierta de aquel piso donde existía lo que yo quisiera inventar, y encontrarme quizá con un espejo y el silencio, para poder preguntarme qué significa mi respuesta una vez más y en este punto.

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