Hoy he llorado con el bullicio de la gente de fondo. Los niños gritan en el parque porque llegó la primavera. Esos niños a los que pronto se unirá otro más. Tengo miedo. De desconocerte. De querer girar la mirada hacia ti, ya olvidada, demasiado tarde. De desencontrarnos. De perdernos. Tengo miedo de preguntarme quién eres, un día como este, cualquiera, a cualquier hora en la que ya no estés. Y quiero hacerte el amor hasta sentir que nunca te fuiste, que no vas a irte, que te quedarás. Que serás el mismo de hace años, que seremos los mismos. Extraños por descubrirse entre unas sábanas y mil besos a deshora. Tengo miedo de construir unas ruinas. De escuchar tan solo un eco de lo que fue. Hoy en la casa sin nombre estamos tú y yo. Abro la puerta al atardecer con las llaves que tú me prestaste y te encuentro en mitad de un piso vacío de pie, esperándome. Te sonrío y me acerco a ti con un hola entre los labios que taponas al besarme lentamente. Y no hay reloj, ni días, ni cambios. Solos tú y yo, así te veo. Así te quiero un momento más, solo un momento. El momento de una despedida que ha comenzado a reflejarse entre mis lágrimas. El adiós de dos manos que, unidas, comenzaron un camino que ahora extraño. "Te quiero, mi vida. No me dejes olvidarte. No me dejes desoírte. No me dejes" y no estarás ya tú, no seré más yo...cuando pueda pronunciar esas palabras.

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