Tú
Te siento como un latido dentro, un palpitar que va creciendo. Eres algo tan pequeño y grande, con tanta luz y tanta oscuridad. Tus ojos cerrados me recuerdan a un dormir lento y placentero que voy perdiendo. Un soñar con la vida y el calor. Un descansar sobre agua bajo el sol. Eres aún un pensamiento, una comunicación silenciosa. Un imaginar. Y te imagino descansando entre mis brazos y no hay regazo más sincero y honesto, ni lugar donde te vayan a querer más ni mejor. No habrá refugio de tus penas más allá de un hombro o dos, ni manera de decir si no es a través de tu propia voz. Y yo ahora intento ponerte palabras, palabras prestadas e inexactas que tú deberás encontrar entre un caos dialéctico, rápido y atropellado, desintegrado por el paso de los días y por las voces de otros que pretenderán imponerse a la tuya, que deberás alzar entre los gritos de quienes no saben hablar con la mirada.
Hay muchas formas, cariño. Muchas formas. Pero espero que te deshagas de las mías para encontrar las propias. Que sepas distinguir entre las que duelen y las que curan, las que acercan y separan. Distinguir miradas claras y atormentadas. Que entiendas que la vida no son solo palabras, sino que va más allá de todo eso, más allá de lo que muestren o te hagan entender. Que la vida son personas, sus silencios, sus ritmos, sus ideas. Que la vida es empeñarse en ser. Como seas. Pero tú.
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