Carta de una futura mamá
Llegaste a mí en otoño. Un poco antes ya estabas haciéndote hueco en mi vientre sin yo saberlo. No lo presentía. Unos días agotadores como no lo había experimentado antes y ligeros mareos que podían significar un exceso de tensión tan solo. Pero estabas ahí, enano, minúsculo. Una pequeña célula que empieza a dividirse y que resulta en vida. Nosotros te empezamos a pensar en verano, como un deseo de dar un sentido más profundo a nuestro amor. Como un proyecto de querer, educar, ser capaces, hacerte feliz e independiente, compartir, ilusionarse. No se puede explicar bien ese momento después de meses en el que supimos ambos que estabas formándote dentro de mí. Hacerse a la idea no es fácil. Pero me cambiaste el otoño y el invierno, quizá para siempre. Hiciste que empezara a disfrutar de la lluvia, de los días grises. Que aprendiera a seguir, a pesar del cansancio, del desánimo a veces. Trajiste sobre todo una alegría. Un algo grande, inmenso, un milagro en nuestras vidas. Trajiste un compromiso, una responsabilidad mayor. Un deseo que va creciendo a medida que tú lo haces.
Hoy te he visto, o vislumbrado entre unas sombras más bien. He escuchado el ritmo frenético al que late tu diminuto corazón, lleno de energía. Y se me ha pasado el cansancio. Se me ha olvidado toda mi vida anterior. Sólo podía contemplarte extasiada, pensar en tu padre, en lo mucho que le quiero, desear que te parezcas a él (tan bueno, tan inteligente, tan guapo, tan importante y valorado) que seas lo mejor de los dos. Hoy me faltan las palabras y me sobran las lágrimas. Me cambia la visión y espero que pase el tiempo, tenerte entre mis brazos, verte tranquilo entre los suyos, sonreírte, mirarte, cantarte, llenarte de besos y amor.
Eres el fruto de esto: un amor infinito y comprometido entre los dos. Un amor sin límites, con condiciones (hacernos felices, cuidarnos, disfrutar, querernos siempre desde la libertad y el respeto), un amor que siempre esperé y que hoy existe más que nunca. Tu papá es nuestro pilar fundamental, el que nos ayudará a ser cada vez mejores, el tercero imprescindible. Tu papá es el amor de mi vida, y debes saberlo.
Quiero que sepas también que te quisimos traer a pesar de muchos peros, de dudas sobre si era el momento, las circunstancias adecuadas. Ambos comenzábamos a intuir que el mundo nos acercaba a los demás y nos alejaba a un mismo tiempo. Ninguno entendíamos la tergiversación de valores en el momento actual. La importancia de la imagen, del culto al cuerpo, del darse para ver, del ganar y acumular, del pasar el tiempo, del entretenerse sin vivir. Empecé a pensar que la felicidad no estaba en aquello que nos venden, en aquello que se puede intercambiar, en las cosas materiales o en el puesto de trabajo. Es cierto: uno tiene que sentirse realizado, lo llegarás a entender. Pero quizá buscamos donde no vamos a encontrar. La felicidad para mí pudo estar en todas partes y en ninguna en concreto. Ahora sé que he tomado la mejor decisión posible. No me importa cómo llegaremos a fin de mes, sé que lo haremos. Ni si seremos buenos padres. Sé que lo seremos. Ni si compraré un carro más barato o más caro, ni si seremos capaces de comprarte el último modelo de zapatillas o el mecano o la barbie o vete tú a saber. No me importa experimentar tu pérdida cuando entres en la adolescencia, o que me alejes de tu lado reclamando independencia, o que critiques mi manera de hacer las cosas. No me importa todo eso. Lo verdaderamente importante es que ahora, en este momento, tú estás creciendo y siendo. Que empiezas tu particular historia, tu particular existencia en este mundo que podrás cambiar simplemente siendo la mejor persona posible con los demás, valorando lo que tiene valor de verdad. He aprendido que de todo se sale, que hay que tener valor para continuar, que hay que buscar aquello que a cada uno le haga feliz, y que estas cosas solo llegarás a saberlas tú. Nadie te las podrá explicar o transmitir, ni siquiera nosotros por mucho que lo pretendamos. Lo más importante para mí ahora, pequeño, es haber encontrado a una pareja como tu padre y tener la posibilidad de darte vida, de traerte a través de mi cuerpo (que será un templo a medida que se infle y ensanche, cuando parezca otra físicamente y mi cuerpo entero cambie de formas y tamaños) Ahora me parece que ser mujer es un regalo de la vida, poder crearte de la nada, un auténtico milagro. Me parece que he encontrado mi camino y me siento llena de luz.
Eres sin duda lo mejor y lo más bonito que me ha pasado nunca. Y sólo cuento los meses para poder ver tu cara, sonreírte, protegerte entre mis brazos hasta que puedas hacerlo por ti mismo. También sé que podrás.
Te quiero, pequeño. Y este amor no es comparable ni mesurable. Siempre serás lo más especial de mi vida.
Fdo. tu mamá.
Comentarios
Publicar un comentario