Yoga
Hace muchos, muchos años (aunque no los suficientes para olvidarlos) tuve una profesora de gimnasia en el colegio que me desanimó completamente a intentar siquiera practicar ningún deporte. Desmotivar es muy fácil, y hoy he conseguido perdonarlo por varios motivos. El principal: la superación personal y la erradicación total de la autolamentación. Lo fácil es no informarme sobre cómo conseguir que un niño ame aquello que hace, se le dé mejor o peor. Hacer que la palabra equipo no tenga sentido porque rompes con una regla fundamental en el deporte que es la de ayudarse unos a otros y apoyarse en los compañeros. Lo fácil es creerse superior en un aspecto y olvidarse de que el deporte surge en nuestra sociedad como una práctica que enseña múltiples valores, una actitud ante la vida, ante la propia salud y el propio cuerpo. Siempre pensé que quizá era sólo que no había encontrado mi deporte. Y hoy lo tengo claro.
Cuando uno descubre algo que le gusta y se le da bien, y supera sus límites corporales y va desarrollándose en ello, no hay ningún viejo trauma al que amarrarse con tesón, ni ninguna profesora inepta que te pare los pies. Yo he encontrado un camino que no es sólo una práctica sin más. Es un modo de afrontar la vida, los obstáculos, una filosofía.
¿Por qué el yoga?
Hace otros tantos años otro profesor (de filosofía) me animó a leer a Hermann Hesse. Comencé a vislumbrar un camino que más tarde pensé que no llevaba a ninguna parte, pero no fue así. El mismo profesor (afortunadamente los hay buenos) me aconsejó la práctica del yoga. Entonces nada sabía, como hoy. Pero comencé a informarme. Con 20 años decidí apuntarme a una academia donde estuve unos meses. Me di cuenta de que no era nada fácil relajarse, controlar la respiración, mantener las posturas y conseguir una conexión con uno mismo. Me resultó una disciplina bastante exigente, mas de lo que en aquel momento me podía permitir. Así que lo dejé, como tantas otras cosas. Pero hace un año más o menos, coincidiendo con una vida más estable y con mucho tiempo libre, me acordé de cómo me hacía sentir el yoga y lo retomé, en casa, con lo poco que sabía sobre cómo hacer correctamente las posturas, un libro de referencia y una esterilla.
El yoga es una práctica cuyos beneficios se notan enseguida, pero que requiere de práctica y paciencia. Esta primera característica es una muy buena estrategia de márketing, por así decirlo. Bastan pocas clases para que uno vislumbre lo que puede llegar a conseguir a largo plazo. Por otra parte descubrí que hay enfermedades puramente occidentales, como las psicosomáticas, que son un grito del cuerpo, como el estrés o la ansiedad. esto me hizo preguntarme: ¿qué tienen en oriente que les hace diferentes? Muchas cosas, es evidente. Una de ellas, la filosofía de que el cuerpo y la mente están estrechamente unidos. Uno de los primeros aspectos importantes es aprender a respirar. Hay un cuento chino que dice que todos nacemos con una serie de respiraciones, cada uno con un número, y que cuando se agota la última, morimos. Puedes creerlo o no, como todo, pero lo cierto es que uno de los primeros síntomas de un ataque de ansiedad o pánico es un modo de respirar entrecortado, desde la parte superior de la caja torácica, que nos lleva a la sensación de falta de oxígeno (de que vamos a morir ahogados) y cuya única manera de controlar es respirando mejor. Una vez me fijé en cómo respiran los niños cuando duermen. Inflan la tripa como si tuvieran un enorme balón, y duermen "como bebés". Esa respiración los adultos la hemos perdido entre el caos y el estrés. ¿Por qué no retomarla?
El yoga es una experiencia personal, un viaje a tu propio yo, un conocimiento de los límites, un afán de superación. Con el yoga regularizamos la respiración, aportando más oxígeno a las células, estiramos ligamentos, nos hacemos más flexibles (también mentalmente) y más enérgicos. Ofrece beneficios inmediatos en el estado de ánimo, y un espacio propio donde pararse a ser uno mismo, observando sin juzgar. Apto para todas las edades y todo tipo de personas, sin necesidad de gastarse un dineral en equipamiento. Es como la psicología: allí donde hay una persona, hay psicología. Allí donde hay un cuerpo y una mente, se puede practicar yoga.
He descubierto que mi cuerpo no es sólo un simple medio de transporte, ni un contenido de emociones o de preocupaciones. Mi cuerpo es una herramienta con la que unificarme, encontrar estabilidad, paz, un hueco donde lo más esencial de mí habita y crece y se desarrolla. Un hueco donde soy, independientemente de todo lo de fuera.
¿Os animais a probarlo?
Comentarios
Publicar un comentario