El viento a favor

Nunca fui de las que se lanzan a la piscina. Al menos no sin flotador. Esta vez es distinto. Voy a probar suerte. La sociedad en la que vivimos no nos ofrece más alternativas que lanzarnos como pajaritos recién nacidos. Intentar volar para poder caer o remontar. Ahora rompo el cascarón de la comodidad y me decido a empezar. A veces los años de formación parecen no ser suficientes. Dudas, miedos, angustias...de todo tipo. Pero si uno se da cuenta de que se le pasa la vida y nada ocurre, entonces tiene que ir a buscarlo. Ese encuentro al doblar una esquina, ese libro en el que empezar a escribir. Ese proyecto en el que poner todo su tiempo e ilusión. Sólo puedo agradecer a las personas que me animan, que confían en mí, que me dan el empujón, que están con su red dispuestos a recoger lo que quede por ahí si esto no sale adelante. Lo hago por mí, por tener una vida. Pero también por los otros, aquellos otros que no tuvieron la posibilidad de remontar, los que cayeron en picado ante sus acontecimientos, los que no se encuentran, los que están pausados. Desde pequeña supe que algo en mí tenía que dedicarse a ayudar a otros para que mi vida tuviera un sentido. Y con el paso del tiempo sigo sin encontrarle otro. Así que aquí estoy, con la maleta llena de tarjetas, de ideas, de terapia, de vínculos. Con las alas desplegadas esperando el viento a favor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita