En sólo dos palabras
No siempre es fácil pero me quedo. Pregúntame por qué y no tendré más palabras. Demasiadas historias quizá, demasiados vuelcos ya. Y ahora la paz llega en forma de tus ojos verdes mirándome desde algún rincón de esta casa, siempre pendientes de mí. Cómo podría saber que llegarías hasta aquí. No eras más que una esperanza, una aventura en la que al final buscaba seguridad. Y me la das, cada mañana cuando despiertas a mi lado, tu cuerpo caliente aún por este verano contigo que no acaba nunca, que siempre regresa. No sabría decirte qué me engancha. No eres una droga, ni un chaleco salvavidas, ni el suelo frío de un baño. No eres una herida, ni una discusión, ni el disgusto, ni la decepción. No eres nada de eso y sin embargo lo eres todo. Expandes tu amor hacia mí como una onda inacabable. Te paras a entenderme y haces por gustarme hasta el límite de lo soportable. No siempre es fácil pero estamos aquí juntos, sin cuerdas entre medias ni cuchillos afilados; sin dagas punzantes ni dardos envenenados. No eras más que una ilusión que ha ido creciendo en un proyecto de vida. Y ahora palpitas y vibras adentro, como entonces no lo hacías. Me conmueves cuando te veo doblar el cuello ante los reveses de los días. Me duele si a ti te hieren. Y así somos, poco a poco, un compromiso, un sí, un adelante, un camino. No tengas miedo. Si acepto es que me quedaré para siempre, y ya digo mucho en sólo dos palabras. Si sigo contigo es porque hay algo más allá de unas cuantas frases que se escapará a cualquier intento de nombrar. Porque está bien así. Porque te quiero. Y no hace falta explicar nada, porque quizá ya somos ambos nuestra propia explicación.
Comentarios
Publicar un comentario