Continental

Estoy distraida y apenas noto tu presencia, embaucada por Bucay y sus palabras sobre la pérdida, que llegan tarde. Nadie se percata en mí, que a las diez de la noche leo un libro en un lugar en penumbra donde cuesta distinguir la p de la q cuando no se sabe si girar a la derecha o a la izquierda. Levanto la mirada y te has quedado ahí de pie, parado (no sé si es la sorpresa...) o es que esperas que te dé dos besos gratuitos. Así que yo, que nunca me cansé de besarte ni de que estuvieras cerca, me acerco ahora de nuevo a darte lo que pensé que no esperabas. Dos besos y un qué tal. No está mal para un reencuentro. Charlamos de todo un poco. Nos traen un solo té para dos y nos descoloca a ambos, pero lo echas primero en mi taza, después en la tuya (yo preocupada porque no te llegue. El recipiente parece más pequeño de lo que es...)quiero frenarte y decirte: "deja mi taza vacía, que así está bien" Pero callo mientras tú hablas y te observo desde la distancia de casi un año (no parece tanto...me acompañaste en mis mejores y en mis peores momentos, aunque ahora no lo sepas aún) Te observo la dificultad de mirarme durante mucho rato. De estar tranquilo en mi presencia. Pero te vas relajando, y se nota en que te metes en política, y a intentar arreglar el mundo con tus palabras, como hiciste siempre. Nos conocemos tanto...y ahora somos dos extraños que se alegran de saber el uno del otro, que se alegran de estar juntos. ¿Mi sensación? Si creyera en eso que dicen de haber compartido vidas anteriores, hoy diría que seguro él y yo estuvimos unidos por una especie de atracción magnética. Me has citado tantas veces en estos escenarios...

Me acompañas hasta el coche, sin haber mirado la hora ni una sola vez, sin haberte alejado de mí ni haber hecho alusión a que mañana ambos madrugamos. Estás ahí. Estás más de lo que han estado otras personas. En tan sólo cuatro horas me has hecho sentir escuchada, respetada, admirada y bienvenida. No sé cómo lo haces, pero sé que es el retazo de que me quisiste más de lo que pudimos asumir. Me dijiste "nos volveremos a encontrar" y ahora parece que el tiempo no ha pasado por nosotros.

Hablo sin parar de todo. Digo lo que quiero expresar, a menos de un metro de ti. Me contestas, me respondes, añades cosas. No quiero preguntarme el por qué. Sólo me siento bien así, con el tiempo y la nariz congelados por igual. Me pides un abrazo y bromeamos. Pero has querido estar así, acortar distancias, no hacer de nuestro encuentro una despedida más...

Y yo me alegro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita