Los otros

En mi vida sigo una serie de normas. La primera y más importante, intentar no hacer daño a los demás. Parece baladí, algo manido, pero poco usado en general. La segunda, no repetir. Y en esto incluyo estados, situaciones, ambientes, y sobre todo palabras o frases. También novios y recuerdos. Porque repetir no tiene nada de divertido. Menos aún si vemos escritas para otras personas las mismas palabras que un día se dirigieron a nosotros. Por ejemplo, en los apelativos cariñosos es muy poco creativo eso de traspasarlos de una en otra. Pienso: qué horror si mi novio me llamara igual que a la anterior, y a la anterior a la anterior...y así por los siglos de los siglos...al final casi tendría que llamarme mamá, y pretendo que incluso en mi estado esa palabra no se repita hacia mí (lo estoy viendo venir y no resulta halagüeño) Supongo que me entendeis en esto. Aunque no estoy segura de que todos nos paremos a pensarlo ante una nueva relación. Tendemos a lo ya conocido, lo familiar...el cerebro tampoco da para más. Pero oigan, señores, queridos ex novios presentes y olvidados, cercanos y lejanos...no repitan, por favor. ¿Y si ella supiera que lo que hoy decís recuerda a mí, a otra? Con lo mucho que nos gusta ese papel de la otra, estaríamos obsesionándonos hasta el final de los tiempos, hasta llegar a la palabra mágica, hasta esa idea de que un hombre busca a su madre...uff vamos a dejarlo estar. Hay tantas expresiones, en distintos idiomas...igual por eso cada vez me los busco de un sitio diferente. Igual se reduce a esto: me gusta saber cómo me llamarían cariñosamente en distintos idiomas, con distintos fonemas, formas de bocas diferentes, para no sentir que soy la continuación de algo anterior. Al final me río de aquella que crea que nadie ocupó antes su lugar, que no podrá hacerlo otra después, que fue única, "the one and only". Queridas, eso sólo existe en las canciones y parece que ni aquí vamos a ser creativos esta vez. ¿Por qué escribo esto? Es sólo que me hace gracia la forma en la que nos engañamos. Creemos que olvidamos, que nos olvidaron, pero no fue así. Creemos que nunca nos quisieron, o lo hicieron demasiado, y tampoco fue así. Queremos pensar que no levantarán cabeza y sin embargo pasan página como quien se lee un libro con prisa. Creemos que seremos la mujer de su vida y ni esa etiqueta se queda para siempre. Somos personas que pasamos, tan simple, tan concreto, en un momento, por un instante, dejando un rastro con el que el tiempo puede, una carta que se pierde, una expresión inocente y manida. Un nombre. Una mirada. Y después, mucho después, de todo eso, ¿qué nos queda? Sólo la risa de saber que todo fue un pequeño chiste. Porque hoy y mañana otra, otro, ocupará nuestro lugar, que creíamos insustituible. Y entonces, sólo entonces, seremos del todo libres.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita